Rosas entre la mierda

Carta de los salvajes:

“Estimado lector,

En el principio, recordará, fue el gesto como un desgarrón, como una voz tras la cesura de tanta voz. De ese gesto emergió Rosas entre la mierda, y estuvo bien. Fue el tiempo, recordará, de poner en el matraz los elementos de la palabra que nos dejaban, a nosotros sin tanta hambre del escribir; a usted sin tanta hambre del leer. Y estuvo bien. Estuvo bien hasta que notamos en la coronilla el aliento de otra forma de hacer palabras, digamos por el viejo modo tipográfico. De repente todo se deslizaba hacia aquel olor a cola, hacia aquella suciedad de tinta.

En la puerta del taller prendimos un cartel que decía “LETRA SALVAJE”, porque en adelante, creemos, la palabra inventará costumbres primitivas, o no será. La palabra tomará esa forma de barbarie que debe pasárselas con poco y que pone ella misma su territorio, su parentesco y, si fuera necesario, hasta su enemigo.

En el taller seguimos. Entre si escucha el tañer de las máquinas.”

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