Tarados, Rutherford y las materias del IBIC

The flight of arrows, Letra salvaje

Durante las últimas semanas algunos lectores impacientes se nos acercan para interesarse por el futuro alumbramiento de nuestro TARADOS. Una pregunta asalta sus turbadas mentes con insistencia:  “¿Pero de qué trata TARADOS?” Bien, resolvamos esta cuestión. Pero antes, para mantener la tensión dramática, hablemos del átomo…

Piensen en un átomo. Si disponen del material necesario, dibujen un átomo. Es hermosamente frío, ¿no es cierto? En general, podemos aventurar, su representación se corresponderá con el modelo proporcionado por el físico Ernest Rutherford. El experimento del que resultó es conocido, está en los manuales: Ernest y su equipo de la Universidad de Manchester bombardean una fina lámina de oro con un cañón de partículas alfa, porque, qué demonios, cuando uno tiene un cañón de partículas alfa… La hipótesis de trabajo dice: «Si —alargando mucho la i— el modelo de Thomson es correcto, entonces —con rotundidad, por favor— el haz de partículas alfa simplemente atravesará la lámina áurea, experimentando a-lo-su-mo una mínima desviación». Pero la desviación fue considerable: partículas alfa por todas partes, un técnico de laboratorio parcialmente desintegrado… un pandemónium. En palabras del profesor Rutherford, “era lo más increíble que me había ocurrido en mi vida. Tan increíble como si un proyectil de 15 pulgadas, disparado contra una hoja de papel de seda, se volviera y le golpeara a uno”. En definitiva, y para los restos, el átomo no era ya un pudin de pasas como había previsto Thomson, sino un sistema en el que los electrones describían órbitas alrededor de un ínfimo núcleo con carga positiva, que puesto en la trayectoria de una partícula alfa hacía que esta perdiera hasta el oremus.

Pero volvamos a TARADOS. En el día de hoy, la criatura ha sido inscrita en el registro del ISBN. Entre los requisitos de dicho trámite, es de obligado cumplimiento atribuir a cada publicación una o varias materias de las previstas en el IBIC. El IBIC, siglas de International Book Industry Categories, es la lámina dorada que ha venido a sustituir al pudin de pasas que fue el CDU, o Clasificación Decimal Universal. Acomodados en el taller, hemos cargado el cañón y al grito de ¡FUEGO!, hemos precipitado nuestro materiales contra la fina rejilla que los aguardaba incólume. Juro por Dios Bohr que si nuestro rayo hubiese topado entre los ítems con un “ediciones canallas”, habría rebotado centelleante y victorioso. Con una desviación discreta ha colisionado con BT, DQ y FA; entonces, historias reales, antologías (no poéticas) y ficción moderna y contemporánea. ¿Acaso no queda suficientemente claro? ¿Podríamos haber añadido un HRAM7 de blasfemia, herejía y apostasía? Sí, podríamos. Háganlo ustedes si, en breve, con nuestro TARADOS ya entre manos, notan en los átomos de su sesera el rayo alfa que los llama al credo de la locura.

Turner

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