Barcelona salvaje, 1

Barcelona Salvaje, Letra Salvaje, Hospital de la Santa Creu, Raval08.32h.- Antes de subir al tren me viene a la cabeza una frase que logra desatar ese maldito nudo que me ha robado horas de sueño preparando este viaje. Asombrado, la repito en voz alta mientras coloco un pie en el vagón: “No soy un conciliador”. Se me escapa una sonrisa. Es el precio de la cultura audaz.

12.09h.- El Raval. Rápidamente a la calle, a tomarle las medidas con las suelas de los zapatos. Agradable sensación de estar como en casa. Me impido tomar rumbo a La Rambla. Es demasiado rectilínea y clara para mi estado de ánimo.

12.37h.- Seis librerías de primer nivel en menos de 1 km². Me digo que tengo que buscar un equivalente al síndrome de Stendhal para amantes del libro.

12.49h.- Una y otra vez recorrer el patio interior del antiguo Hospital de la Santa Creu. Hay vagabundos echando un sueño, gente en sillas leyendo, dos tipos dándole a la botella, un grupo de jóvenes fumando a la salida de la Escola Massana, un mendigo haciendo inventario de su carrito de harapos, tres chavales jugando una partida de ajedrez con piezas gigantes, una familia de alemanes haciendo fotos a las escaleras que bajan de la biblioteca y un reguero silencioso de gente que atraviesa los jardines para conectar la calle Hospital con la del Carme. Me he imaginado que el manicomio seguía en marcha y he buscado mi sitio bajo un tímido rayo de sol.

15.10h.- Capturo un alarido de El Raval: “¡LA CULPA ES DEL COMUNISMO, DE AQUELLA PUTA COMUNISTA QUE SE LLEVÓ TODO MI DINERO!” Un grito de guión tan perro y suspicaz que es material de primera. Me alegro mucho de que se lo lleve el cielo de un callejón sin nombre.

16.34.- Llevar a cabo una instancia del academicismo más teórico: a eso llaman práctica. Se confunden. Todavía están bajo el influjo de una razón que teme disolverse cuando toma la calle. Yo leo más presente en sus palabras el temor que la voluntad de practicar sus pensamientos. No hay ubicaciones académicas en la calle, ¿por qué siguen buscándolas?

21.52.- Barcelona anochecida. Necesitar La Rambla para fundirme con la multitud y pensar, pensar muy intensamente, pensar a muerte. Como una palpitación de mis viejas cicatrices ha venido el olor a mar para indicarme el camino de vuelta. Ni una respuesta. Ese es el verdadero camino de vuelta.

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