Jazzbandismo en el Lemon Hob’s



Jazzbandismo, Ramón Gómez de la Serna, Letra SalvajeLetra Salvaje, siguiendo su vocación noctívaga, acudió el pasado 7 de febrero a la jam session orquestada en el Lemon Hob’s. La presencia de músicos de la talla de Julio Montalvo, Abelito Sanabria o Lucas Jiménez nos parecía una ocasión más que propicia para foguear Jazzbandismo, un texto de Ramón Gómez de la Serna respecto al cual albergamos ciertas expectativas editoriales.

Publicado por primera vez en los números de La gaceta literaria de febrero de 1929, Jazzbandismo había sido creado para su declamación pública con ocasión del estreno en el Cineclub de El cantor de Jazz, y supuso el primer gran panegírico de las letras castellanas a los nuevos ritmos llegados de Norteamérica.

Imaginen a Gómez de la Serna entrando en escena caracterizado a lo Al Jolson. Así lo contaba la prensa: “El éxito de la entrada en escena fue colosal. Y mayor cuando rompió con las primeras imágenes del Jazz, extraídas de una negra pizarra”. En efecto, Jazzbandismo es una proyección continua de imagen, de las imágenes del jazz, pero también de los ritmos del jazz y los giros del jazz y sus derivas de algarabía. Para nosotros, en aquella noche del Lemon Hob’s, se trataba de poner a prueba, da capo, toda esta artillería ochenta y cuatro años después de su fabricación, como quien saca los juguetes del desván o gira la llave en el contacto del viejo auto. Kowalski atacó el primer fragmento aguijoneando directamente a la sección de vientos:

¡Vivan los trombones, ricos en grandes burbujas como globos musicales de gran bazar! ¡Y viva el susto que nos da la trompeta cuando su pistón se ha disparado!

Montalvo recogió el guante, y con un trombón verde-bólido trazó los arcos entonados del texto. La cosa arrancaba. Turner tomó la palabra. Lanzó a la banda unas insinuaciones urbanitas y atacó su texto:

El “jazz-band” define la mezcla libertaria, y por eso no hay que buscarle fuentes oscuras, sino aceptar lo que tiene de la nigricia y lo que ha tomado prestado de los “claxon” que trazan la línea de las aceras en la calle moderna.

Y la banda puso las calles y pintó los neones entre las copas de los asistentes. El diálogo había despegado rotundo. Fragmento tras fragmento comprobamos la resistencia de la pasarela que transita del jazz evocado en Jazzbandismo al jazz ejecutado en improvisación. Andábamos confortablemente sobre esta pasarela, cuando Kowalski dio a la banda la noticia de un cierto nacimiento:

¿Qué ha sucedido ahora? ¿Qué atiplación es esa después de un zambombazo? Que el bombo ha tenido un niño, el niño que no había tenido nunca después de estar hecho un bombo desde siempre.

Igor Tavan, recién incorporado a las baquetas, se hizo cargo de este parto y trajo al mundo no uno, sino siete bombos y veinte platos. ¡Gran milagro el de la vida!

Minutos más tarde los salvajes salíamos del plano. Sobre el escenario continuaba su marcha la máquina jazzística con la inspirada participación de Carlos Máñez al saxo, de la voz de Lupe Azcano, de Damián Ordóñez a la percusión, de Verónica Alonso interpretando un scat. Nosotros le debíamos un brindis a Ramón. La hora y el lugar eran propicios para dedicarse a ello.

·

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: