Kowalski Prize

Letra SalvajeHace un tiempo, durante una reunión de Letra Salvaje, fantaseábamos con un juego del lenguaje que construimos con la coincidencia nominal entre nuestro maestro editor, B.J. Turner y el Turner Prize, galardón que otorga la Tate Gallery cada año a artistas visuales menores de 50 años. Entre osadas sugerencias y sinceras risotadas, pues así es como trabajamos en Letra Salvaje, se nos ocurrió inaugurar el Kowalski Prize, una mención honorífica a aquellos libros que dejan marca tras pasar por nuestras manos. Podríamos haber seguido el juego y la osadía y haber fundado un premio paralelo al de la Tate, pero nos pareció más apropiado darle nombre a una íntima y peculiar experiencia que sucede cuando nos acercamos a los libros: la experiencia de ser escogidos por ellos.

La historia la conocen mis allegados. Suelo contar muchas veces que durante mi etapa de estudiante de la Facultad de Filosofía cada vez que entraba a las librerías a por un libro de Habermas, o de Dilthey, o de Davidson, o de Russell, o de cualquiera de los padres fundadores de los correspondientes departamentos, un servidor salía con un libro de Dostoievski, o de Fante, o de Cavell, o de Bernhard, o de Millás o de cualquier otro autor del que hubiera podido sentir que sus palabras se ajustaban al tono de mi estado de ánimo (mis padres fundadores). No conozco otro modo de escoger mis lecturas. Luego buscaba cualquier rincón y las devoraba. Me traía sin cuidado faltar a las clases. Y faltaba. Y mucho. Si tenía que acudir a alguna cita, dejaba pasar uno o dos trenes para robarle tiempo al tiempo y ofrecérselo a esos libros. Llegar tarde ya no era posible, pues cuando un libro sale así a tu encuentro te ves forzado a cancelar todas las citas. Una obra descubierta así deja una marca que puede ser seguida tiempo después como el rastro de un aprendizaje personal.

Compartir con nuestros lectores estas experiencias, ese es el objetivo del Kowalski Prize. A partir de hoy traeremos al blog una selección de las huellas más recientes de nuestras lecturas. Quisiéramos que los textos se leyeran como cartografías de nuestras experiencias personales con los libros, como itinerarios de alguna de nuestras reivindicaciones editoriales. No entendemos de otra manera nuestro trabajo. Y no se nos ocurre mejor que el Día del Libro para dar a conocer esta iniciativa. Así que, queridos salvajes, ¡atreveos a ser tomados por los libros!

 

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