La voz arrogada

Letra Salvaje, Led ZeppelinLed Zeppelin fue un grupo arrogante. Es una de las acusaciones (¿musicales?) más extendidas sobre el grupo inglés. Y no deja de ser cierto. Como grupo se apropiaron “indebida o exageradamente de cosas inmateriales, como facultades, derechos u honores” (RAE dixit). En su primer disco ya utilizaron, sin mencionarlo, composiciones de Willie Dixon y maneras de Robert Johnson, Otis Rush o Howlin’ Wolf entre otros. Su comportamiento, no obstante, no deja de ser habitual en el mundo del blues, donde se entendía la pertenencia a una comunidad musical al compartir y desarrollar patrones repetitivos de doce compases y escalas de notas con la misma estructura (blue note). El tempo musical se imponía asimismo a los versos, de modo que algunos fraseos se hicieron muy populares, formando parte del repertorio de los temas. Las posteriores interpretaciones, en los lugares más insospechados, acababan con variaciones en los versos que cada intérprete ajustaba para su mensaje. La composición quedaba intacta pero permitía la enunciación de voces particulares y diferentes. Esto quiere decir que uno puede leer sin dificultad las variaciones musicales que Chester Burnett hizo a partir de sus propias interpretaciones de temas de Willie Dixon como una instancia de cierta hermandad y, al mismo tiempo, como deriva aceptable de su obra.

Hay, estoy dispuesto a aceptar, un modo para la arrogancia de la voz que Led Zeppelin aprendió del blues. Ocurre en temas como How Many More Times (1969), en el que se obra una respuesta a la propuesta de herencia y desarrollo musical de Howlin’ Wolf en su tema Moanin’ for my baby (de su segundo álbum Rocking Chair, 1962). En él, el comienzo es clave. Un tarareo a capella al modo del canto melancólico de los esclavos negros, seguido de un punteo de una guitarra eléctrica que inaugura la propuesta de Burnett, como si acabara de enunciar sus orígenes y quisiera constatar la necesidad de remarcarlo musicalmente para su blues. En su versión de 1969, Led Zeppelin comienza el tema con el punteo del bajo reproduciendo el patrón de Moanin’ for my baby, para después introducir (¿por vez primera?) el característico sonido de metal pesado de su “muro de guitarras”. Se reproduce, entonces, no sólo el patrón musical, sino cierta arrogancia consistente en la asunción del derecho a hablar con su voz propia. Asumo, entonces, que musicalmente se está obrando una respuesta, tal vez un diálogo, esto es, que hay un modo musical de afirmar que la obra de Led Zeppelin puede considerarse como un desarrollo legítimo del blues al modo como Howlin’ Wolf lo hizo para el blues de Chicago con los cantos de esclavos.

He sido capaz de leer Gallows Pole (1970) como el modo en que el grupo inglés reivindica un significado ambiguo de la arrogancia. Desarrollado a partir de invertir el crescendo de los arreglos para guitarra de doce cuerdas del tema de Fred Gerlach (Gallows Pole, 1962), su elección en el repertorio va un paso más allá de la respuesta al blues en la concreción de la figura de Lead Belly (del que, por cierto, se especula que tomaron las plomizas referencias de su nombre) y de su tema Gallis Pole (1939). Led Zeppelin recupera una balada inglesa de su variante musical americana, consiguiendo así un juego laberíntico para el concepto de autoría que conduce, si no a la concesión de cierto universalismo para la voz humana, sí a la cautela en la atribución de géneros (¿musicales? ¿sexuales? ¿literarios?). The Maid Freed From the Gallows es una balada popular inglesa que fue compilada en un estudio del folclorista americano Francis James Child conocido como The Child Ballads (1882-1898). El trabajo de Child pretendía recuperar los orígenes de algunas de las canciones más representativas de la cultura popular americana. Actualizar, además, el debate de la identidad americana en sus propias formas culturales puesto que las 305 baladas recogidas en el volumen tienen un origen inglés o escocés. Muchas poseen más de una versión. En el caso que nos ocupa, las variaciones llegan hasta a 11 distintas, algunas de las cuales no pasan de ser meros fragmentos o estrofas sueltas. La voz humana se arroga musicalmente bajo la forma de una reverberación que toma, de los fragmentos de la cultura popular, el origen de su derecho a hablar. Gallows Pole se dirige, entonces, a la representatividad de la esperanza, de la amistad, de la ira, de la maldad, de las formas sociales de ajusticiamiento y de los modos de exorcizar la injusticia, y todo ello a través de la forma musical de la voz humana.

Una versión de este artículo fue utilizada en la participación de Letra Salvaje en el Wallpeople Valencia, celebrado el 1 de junio de 2013 en el Solar Corona. Puedes descargarlo aquí:

Letra Salvaje en Wallpeople Valencia (PDF A3)

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