Libreras salvajes. Dadá, Valencia

Nos hemos citado en una cafetería próxima a la librería, en las postrimerías del antiguo Hospital General. Mientras preparo mis bártulos empezamos a hablar, y cuando la charla se anima le pregunto por la relación de la librería con la edición independiente. Pero sus palabras se dirigen, como para compensar mi verticalidad, a las regiones de sus inicios en Dadá, como haciendo patente que todavía es necesario algún preámbulo que teja los mimbres de respuestas más serias. De un plumazo traza el génesis de su participación y ascenso al timón de la librería. «Hubo un momento en el que se hizo necesaria una mayor implicación», dice, «y a partir de ahí se propuso un modo de formar parte de la toma de decisiones para gestionar el fondo de la librería. El apoyo fue total.»

—¿Recuerdas qué programa llevaba la librería cuando tú te hiciste cargo?

—El caso es que la idea que Guillermo (el anterior propietario) tenía para Dadá era la de una librería como las que él veía de los museos importantes, una librería en la que el libro fuese una especie de objeto de culto, no necesariamente caro, sino más bien diferente, en el que el diseño y la imagen fueran muy potentes, próximo a los contenidos que el MuVIM exhibía por aquel entonces (diseño, cartelería, etc.). Yo he querido respetar esa idea y no se han hecho muchas variaciones aunque sí algunas importantes como la incorporación de la poesía o del fanzine.

Me cuenta que 2008 se fue apagando entre migraciones de compañeras y cambios de viento que la dejaron, finalmente, al frente de Dadá en 2009. El vértigo se fue domando con decisiones firmes. «Tenía claro que no podía llenar la librería de Taschen o de Phaidon… Tenía que empezar a rastrear qué tipo de libros podríamos ofrecer en Dadá que no tuvieran en otros sitios. Afortunadamente no fue una tarea que hiciera sola, ya que mucha gente se puso en contacto conmigo. Así fue como entraron en la librería publicaciones del tipo de Belleza Infinita entre muchas otras.»

Librería Dadá

—Supongo que el emplazamiento en el MuVIM marca la personalidad del proyecto. Aunque uno no puede evitar pensar que Dadá no es una librería de museo al uso…

—Algunas personas incluso me comentan que no ven librerías como ésta en otros museos. Y tal vez una de las claves sea que me esfuerzo para que no se asocie la librería con una tienda convencional de museo. Aquí hemos apostado por los libros como lo que podemos ofrecer a modo de complemento al museo. No tengo nada en contra de las tiendas pero yo me dedico a vender libros. Vender libros no es como vender otras cosas.

Anoto la última frase. Para mí tiene una relevancia enorme, porque de manera natural ha aparecido el alma de los libros en un relámpago de la conversación. Supongo que éstas son las cosas que distinguen las conversacones con libreros de todas las demás. «En mi día a día no sólo vendo libros. Intento satisfacer las necesidades de las personas», apostilla.

Y son muchas, y muy variadas, las personas que pasan por Dadá. Un servidor suele observar a los turistas mientras deambulan distraídamente entre las mesas centrales de la librería. Inma me confiesa que le parecen “estupendos”, porque representan una gran oportunidad para poder mostrarles el potencial de la cultura emergente de Valencia, o como ella dice “de Valencia en realidad”, a través de sus publicaciones. «Es más», añade, «tengo que decir que en muchas ocasiones los fanzines y la autoedición de Valencia acaban convirtiéndose en el souvenir que los turistas eligen para llevarse de la ciudad.»

Librería DadáApuntando al futuro le lanzo una pregunta por el presente. La respuesta tiene el envoltorio de las palabras que ella misma se dice en esos momentos en los que un proyecto se deja ver, como cuando ordena y limpia los estantes aprovechando un impasse de la clientela. «Quizá he llegado a tener todo lo que quería tener. Ahora las secciones sí que tienen las dimensiones que yo quiero que tengan, y se han formado convivencias editoriales propias que la gente sabe que puede encontrar en Dadá, como un libro de diseño de Gustavo Gili con un libro autoeditado y libros de importación…»

Aprovecho para solicitar su opinión acerca del estado de incipiente plenitud que parece estar pasando la edición independiente y la autoedición en nuestras tierras, en parte porque entiendo que no se puede pensar ésta sin Dadá al modo como ella misma sugiere que no se puede pensar Dadá sin la edición independiente. «Cualquier persona que venga a sitios como Tenderete te dirá que no hay nada igual, y yo me alegro porque por primera vez Valencia no está mirándose al espejo de Barcelona o de Madrid. Por primera vez estamos haciendo algo bien nosotros y somos los primeros. Y eso se debe, creo, a la propia naturaleza del fenómeno fanzine y de la autoedición, y es que nos hemos convertido todos en una piña, que cada vez va creciendo más y en la que no encuentro ni afanes ni pretensiones que la debiliten.»

—Antes me comentabas que lo que te gusta de la autoedición es que tiene como un descaro, una vivacidad que la hace muy emocionante…

—Hoy en día, en Valencia, nunca sabes cuándo te va a entrar por la puerta una buena pieza… Algunas ediciones en fanzine no desmerecen a las de Krausse, por ejemplo. No deja de ser autoedición. Para mí la emoción al ver una cosa y la otra es la misma.

Parece, entonces, que hay un lugar para el cálculo y otro para la emoción, y un espacio entre ambos de convergencia diminuto, tan diminuto que en la misma zancada se empieza y se acaba y se deja bien atrás antes siquiera de pensar en levantar el pie de nuevo. Parece que el mundo del libro sea como una palabra que cambia de significado mientras todavía se está pronunciando. Cuando pides auxilio a los sinónimos lo único que sale a tu encuentro es una polisemia de una riqueza aturdidora: mercado, sostenible, valor, culto, popular, proyecto, venta, grupo, diversificar, volumen, polarizar, objeto, virtual, derechos, feria, democratización, margen, marginal… Tengo la sensación de que esos espacios nos rondan continuamente mientras hablamos, y parece que quieran encontrar un lugar donde asentarse en algunas de nuestras palabras comunes. Sería un buen augurio.

Inma Pérez, Librería Dadá

INMA PÉREZ ES… UNA LIBRERA SALVAJE

«Me gusta satisfacer a la persona que viene a la librería, hacerles felices a través de ser el eslabón entre ellos y el libro que quieran. A veces puede costarme meses encontrar algún ejemplar raro y traerlo. Pero no lo puedo evitar, tengo que hacerlo sí o sí, aunque no gane ni un puto duro. En una ocasión un chico lloró de emoción cuando le entregué su libro. Ese fue un momento librera salvaje

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  1. Siempre es interesante encontrar un post que hable de la autoedición y que no esté necesariamente mencione las palabras ebooks o libro electrónico en estos días.

    Ojalá existieran en Argentina librerías de este tipo donde se diera igual importancia a los libros automedicados como a los que pasaron por un proceso tradicional.

    Me encantó el artículo.

    Les dejo un saludo,

    Nicolás

    • Muchas gracias por tu comentario Nicolás.

      Sí, es una suerte para los editores independientes contar con librerías como Dadá. De todos modos, estamos convencidos de que también en Argentina se debe poder encontrar alguna.

      Un saludo de vuelta,

      El equipo de Letra Salvaje.

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